Elogio del pringao

Esta semana se ha publicado en La Directa un artículo de David Garcia Arístegui donde habla sobre… vaya, parece que quiere hablar de varias cosas que no sé si tienen demasiado que ver. Algunas pueden ser más discutibles que otras, pero el conjunto resulta bastante confuso.

En el limitado espacio para argumentar que permite twitter, decidí llamarle la atención sobre sólo uno de los aspectos, pero el flame llegó a un límite en que el totum revolutum y el pogo de menciones entre seis cuentas diferentes hacía complicado razonar una respuesta. Como bastante al principio de la conversación dejó caer un “hablémoslo“, le tomo la palabra e intento responderle en este post.

Simplificando hasta límites vergonzosos, que seguro que le parecen manipuladores, la tesis de su artículo sostiene que los movimientos sociales están compuestos en su inmensa mayoría por niñxs de papá que desprecian a la clase trabajadora y en consecuencia desprecian también que alguien crea que la mejor manera de contribuir a estos sea recibir una remuneración económica por el trabajo que desarrolle en estos ámbitos políticos.

 

Lo primero que me llamó la atención es el énfasis con que ejemplifica estos trabajos cuya remuneración está mal vista: “escribir, traducir, corregir, diseñar carteles, realizar páginas web o actuar en conciertos”. Es decir, trabajos culturales. En un tweet posterior matizó que “me pidieron que me centrara en el trabajo cultural“.

Esta defensa del trabajo cultural invisibiliza otros trabajos mucho menos agradecidos y en absoluto reconocidos que son imprescindibles para el funcionamiento de los colectivos. Allá donde haya alguien diseñando un cartel tendremos alguien colgándolo y exponiéndose a una multa, allá donde haya un concierto tendremos gente montando los equipos, sirviendo cervezas y recogiendo la mugre al día siguiente.

El último tweet que mencionaba acababa con un “Por eso no hablo de abogados o médicos…”. La verdad, no soy muy consciente del papel de los médicos, pero si he debatido muchas veces sobre el papel de los abogados, a quien pocas veces -por supuesto hay honrosas excepciones- se les ve haciendo turnos de barra en las fiestas cuyos beneficios servirán para pagar sus honorarios. Curiosamente, a ser DJs sí que se apuntan -guiño, guiño, codo, codo.

¿Acaso defiende una meritocracia en la cual hay trabajos cualificados que sí merecen ser remunerados, mientras que hay otros que cualquiera puede realizar y por lo tanto si puede tolerarse que se hagan gratis? Es curioso que, cuando le pregunté por esto, respondiera rajando de lxs camarerxs que beben gratis, invitan a sus colegas e incluso ligan… ¡Porque unx musicx nunca ha hecho eso!

Y no vayan a pensar que soy un camarero resentido, que si he colaborado de algún modo en los MMSS ha sido precisamente haciendo carteles y webs e incluso me he subido a algún escenario. Y, sinceramente, si algo me ha hecho pensar este tipo de trabajos es en el privilegio que uno tiene -de esos que a uno le otorgan, quiera o no- respecto a esas otras tareas que no son reconocidas y que no prefiero en absoluto. Cuando expresaba esta idea, lo decía en primera persona.

Al final, David acaba reconociendo que quien sirve cervezas también se merece cobrar. Es una bonita idea, pero ¿De dónde va a salir el dinero para pagar a toda esta gente? Cuando la finalidad de un acto cultural no es la cultura misma sino recaudar dinero para una campaña, un proyecto o una fianza, ¿no habría que intentar sacar el máximo dinero posible? ¿No es la única manera que el máximo posible del trabajo se haga gratis?

Desconozco si ha cobrado por publicar este artículo, sospecho que no, pero se permite un tirón de orejas del nivel de “Que tomen nota todos los medios que no pagan las colaboraciones a las personas que escribimos en ellos.” Yo llevo diez años en un medio libre, Contrabanda FM, donde nadie del colectivo cobra un duro, y donde además paga una cuota de socio de una cuantía algo más que simbólica. Es recurrente el debate sobre si todo iría mejor si los técnicos cobráramos nuestro trabajo, idea a la que me opongo. Pero, más allá de mi opinión, ¿de donde hostias iba a salir ese dinero?

Si nos centramos en los medios de comunicación, resulta evidente que no son viables económicamente si se plantean de un modo profesional. Las radios y otros medios comerciales están llenos de basura porque es lo más barato. No existe un mercado capaz de sostener un medio de calidad donde el trabajo de periodista sea remunerado. Supongo que Seguí podía cobrar por publicar en la Soli e incluso en medios republicanos y progresistas, pero eso, ahora mismo, no existe.

En todo lo que llevo escrito, estoy omitiendo otro tema que se plantea en el inicio del artículo: hablo continuamente de dinero que sí hay que pagar. Y, ojo, no digo que me parezca justo que se tenga que pagar, digo que no tenemos más remedio. Para ser concreto, él refiere “desde la imprenta y la distribuidora a los barriles de cerveza y las cajas de Coca Cola”. Se trata de una contradicción evidente, que no es inédita, pero que tampoco tiene una solución a la vista. ¿Hay alguna alternativa? Yo a la lista añadiría el alquiler de los locales, los suministros energéticos y de comunicaciones y los equipos tecnológicos. Cuando se puede okupar, se okupa, cuando se puede pinchar, se pincha, y cuando se puede robar, se roba. Me parece estupendo y legítimo, pero no parece realista pensar que todos los MMSS se pueden sostener de este modo, especialmente si quieren perdurar en el tiempo. Y como no hay dinero para pagar todo, pues se renuncia a remunerar el trabajo de personas que se supone que si participan es porque quieren.

Sobre este tema de los suministros que no podemos evitar obtenerlos del mercado, seguro que alguien está pensando en eso de la economía social. Yo no tengo claro que sean una alternativa viable, pero ni siquiera entro en el debate puesto que el artículo coloca las cooperativas dentro de “los efectos evidentes de la composición de clase en los movimientos sociales, […]  temas nunca asumidos por los sindicatos.”

 

El tema principal del artículo, de cuyos postulados no me siento tan distanciado, es el de la ausencia de la clase trabajadora en los MMSS. Algo hay ahí, pero la manera como se argumenta y ejemplifica me parece bastante grosera.

Primero por la manera en que se caricaturiza el origen universitario de muchos activismos. ¿David ha ido a la universidad? Yo sí, fui la primera persona en mi familia en acceder a ese inútil templo del saber. ¿En qué momento dejé de ser clase obrera: cuando me matriculé o cuando me licencié? Si ese es un criterio a aplicar es bastante fácil rastrear en qué momento de los ochenta la clase trabajadora comenzó a ser diezmada.

Por supuesto que existe gente de clases acomodadas -y rentistas- en las movidas, y también he visto a menudo cómo estas personas pueden permitirse una mayor exigencia militante porque hacen acrobacias con red debajo. ¿Pero de verdad creemos que son tan mayoritarios? Y lo que es más importante ¿De verdad creemos que ellos son la causa de que los movimientos tengan la poca incidencia que tienen?

Continuamente se alude a una clase y una cultura obreras, ausente de los movimientos sociales, pero no se acaba de vislumbrar dónde hay que encontrarla, y los ejemplos empleados no ayudan.

Es curioso que, a pesar del subtítulo del artículo, que habla de “sesgos de género”, parece ser que criticar el patriarcado y sus concreciones es una forma de alejarnos de esta prístina clase trabajadora: el claro ejemplar de costra gorrón bien visto dentro de los MMSS es además “una persona queer y poliamorosa” mientras que la persona obrera que criticamos es, además de reformista e hipotecada, “monógama”.

Por otro lado, el ejemplo que sí cuenta con la clase obrera es el antifascismo. ¿En serio cree que el antifascismo no participa de estéticas autoexcluyentes y no circula por los mismos guetos de centros sociales y tribus urbanas perecederas que el resto de movimientos?

Entroncado con este tema, tenemos la palabra que protagoniza el titular: los liberados, y por ende el mundo del sindicalismo. Me parece una maniobra un poco rastrera no introducir ningún matiz entre los diferentes sindicatos, desde los que funcionan sin liberados hasta los que tienen auténticos profesionales del sindicalismo, alejados de los puestos de trabajo. Meter en el mismo saco la crítica neoliberal -o de la nueva política- contra los sindicatos y la crítica que desde el mismo sindicalismo se ha hecho de las superestructuras desmovilizadoras de UGT y CCOO parece una simplificación hecha adrede por el simple gusto de provocar.

Dudo que la supuesta aversión al sindicalismo dentro de los MMSS sea mayor que la que hay en la clase trabajadora o el conjunto de la sociedad en general, y sobre todo dudo que el motivo de esta aversión sea la inoculación de algún virus de clase media en los MMSS. Han cambiado las condiciones de trabajo y existen dificultades innegables para llevar a cabo acción sindical en muchos sectores laborales, pero además tenemos treinta años de sindicalismo amarillo mayoritario que explican por qué muchas personas desconfían profundamente del sindicalismo. ¿En muchos casos es una desconfianza injusta? Seguro que sí, pero no creo que la explicación venga de los movimientos.

 

Finalmente, también está presente la crítica a la cultura libre/gratis, que ha desarrollado en su libro ¿Por qué Marx no habló de copyright?. Sospecho que hay varios aspectos en los que no coincido con sus tesis, pero no he leído el libro y esto quedará pendiente para otro post. Pero no puedo evitar señalar que la comparación con el software libre para aseverar que este se produce sin “exigir ninguna retribución previa” es bastante extravagante.

En cualquier caso, por lo que ya he explicado al principio, no creo que el paradigma supuestamente neoliberal de la cultura libre/gratis sea el motivo por el que no cobramos por “escribir, traducir, corregir, diseñar carteles, realizar páginas web o actuar en conciertos”.

 

Bueno, David, si lees esto, espero que lo tomes como una manera de participar en el debate que propones, y que, a pesar de algunas expresiones duras y -sólo un poco- enfadadas, valores que le haya dedicado más espacio que el que ocupa tu propio artículo :p

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